Poeta invitada: Juana M. Ramos
Me pregunto
Tendida sobre el borde
inmisericorde del vacío
me pregunto:
¿qué tanto hay de acantilado en ti?
El letargo de tu cuerpo me augura
el despeño
en tu apatía
en tu descuido
en tu tibieza
en el encanto efímero del júbilo
en el esbozo de tu mirada huérfana
en la herida letal que arrastras por sonrisa.
Y me lamento:
en ti quedan la duda
el presuroso desgajo del antojo
el zarpazo infame del hastío
la virulenta costumbre del silencio.
¿Dónde?
¿Dónde, Ojos, te espero?
En la ternura hospedada en las heridas
junto a vos
en el acertijo que se abrió tras del abrazo
a tu lado
en la llave a que obedecen tus cerrojos
en la anchura de tu río-mar
de aguas dulces y saladas
en la isla abrazada por dos ríos
en una habitación llena de peces y moluscos
con Deméter a mi diestra
revelando sus espigas y amapolas
en el desgarro que tal vez me corresponde
en los instantes que procuras y acontezco
en esta ciudad bengala
casi siempre oscura
casi siempre ensombrecida.
En mi ocaso
en tu alborada
en la indigencia que promete un desencuentro
en el eco persistente entre el pájaro y la pólvora
en el ruego de la sed o de la lluvia.
En tu puerto
en tu jardín
en tu fuga.
En una habitación llena de nombres y de espejos
en otro noviembre de helechos e hibiscos.
Adentro
afuera
de frente
lejos, cerca,
en tus manos.
En una habitación llena de cuerpos y de pactos
en la inclemencia que augura el abandono.
En esa ciudad marina
por momentos luminosa
por momentos dilatada.
En una habitación llena de incendios y de ruinas
en el amuleto que depara los retornos
bajo la holgada sombra de tu árbol
en tu vuelo
en el mío
en el intento
en la renuncia.
¿Dónde, Ojos, te espero?
María Isabel
María Isabel pregunta por su lengua,
hecha de huidas y de espinas,
hecha de estancias y de pétalos,
por su nombre abrazando la llovizna,
por los hilos dulces de los que cuelga nuestro beso.
En sus dientes de leche
florece cada una de sus letras,
sílabas dilatadas en la estrechez de nuestros rostros.
Su voz, de nuevo, que invento y me cabe entre las manos,
susurra islas, murmura la miel que le ofrendo en los silencios.
Curiosa niña surca mis insomnios,
siembra en ellos una multitud de interrogantes.
María Isabel se prolonga en los parques,
en el columpio que esta tarde he dibujado para ella,
en los rincones de esta casa,
a veces fértil, a veces yerma,
en la serenidad de mis párpados a punto del derrumbe.
Niña convocada en la ternura,
en ocasiones con el hacha entre los labios,
te contemplo en las calles, las aceras,
en lo infantil de cada ronda, en el árbol y en el pan del día a día.
Hoy te hablo desde la verja impuesta
para medir tu infancia
para enmendar este camino de aves impacientes,
de andenes que se sueñan arrecifes.
El tintineo de tu voz devora mi “te quiero”,
ensordece el crujido de mi sangre que barrunta su otoño.
Mis innumerables hendiduras descansan en tu abrazo caudaloso
y te procuro faro
y te procuro ola
y nos comprendes mares de relojes y de esperas.
Ahora hablo de mi voz, María Isabel,
de laberintos que cuelgan de tu trenza,
porque ahora sé que sabes del disparo y de la herida
de aspavientos, de mesuras,
de la mano que se da golpes de pecho,
de la boca que se esfuerza en parir pájaros.
Sé que sabes de este mediodía de domingo
en que trazo tus manitas con mis miedos,
porque hay un desierto como tajo entre nosotras,
o porque tal vez, cada noche, vuelves caracol a fecundarme,
vuelves mariposa para hablarme de la oruga,
vuelves sed para hablar de manantiales,
vuelves hambre para hablarme de la savia
vuelves girasol para hablar de la semilla.
Sé que sabes del espanto,
de Kim Phuc alcanzada por la saña del napalm,
de las niñas y los niños de El Mozote,
de las niñas y los niños de la Franja,
de Valeria y su padre arrastrados por las aguas colindantes,
de la hambruna alimentándose de infancias.
Sé también que sabes de orfandades
(lo sé porque te han amamantado las ausencias),
del ojo incrédulo al que no le bastan el dedo ni la llaga,
de la mejilla que no se cansa de inmolarse.
Ya no sé de cuál voz hablo,
si la de mi carne que bien pudo ser tu carne,
si la de mi nombre que bien pudo ser tu nombre.
Juana M. Ramos (El Salvador)
Es profesora de español y literatura en York College (Universidad Pública de la Ciudad de Nueva York). Ha participado en conferencias y festivales de poesía en Latinoamérica, Europa y EE. UU. Ha publicado seis poemarios, así como el libro de relatos Aquí no hay gatos. También es autora de Nomadismo y alteridad. Las otras historias de la guerra y coautora de Tomamos la palabra: mujeres en la guerra civil de El Salvador. Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, portugués, italiano, francés y griego, y aparece en antologías y revistas literarias internacionales. En 2021, recibió el Feliks Gross Award por su labor como docente e investigadora, y en 2023 fue reconocida como Poeta del Año por la Fundación Cultural Chifurnia en El Salvador. En 2024, fue homenajeada en la 18.ª Feria del Libro Hispana/Latina de Queens. Fundó EntreTmas, un espacio digital que promueve escritoras latinoamericanas y españolas, y es directora de la revista semestral EntreTmas Revista Digital. Asimismo, es curadora, junto a Margarita Drago, de Palabra-Imagen-Escena, un espacio artístico creado para la difusión de la obra de poetas, narradores, dramaturgos y artistas visuales que producen su obra en español.