Poeta homenajeado: Carlos Cumpián
Sol de Coyote
para María Sabina y Anne Waldman
Reunidos en las piedras pisadas
de huaraches de Oaxaca,
hechas lisas por las suelas
de miles de creyentes —-
nunca descansan en sus petates,
pero bailando el mitote ceremonial,
dónde golpes inspirados saltan del tambor
y los hongos de lenguaje cantan
vía una sacerdotisa — poeta—
María Sabina, hermana de dualidad.
Nosotros nunca cantamos en un temazcal,
nunca nos desnudamos hacia el
fuego en el temazcal mientras
el vapor subía desde
el ombligo del rayo
cargando bilis y mugre a
las entrañas del desierto.
Tu leías todo mientras escuchabas
el disco de Folkways,
y como una valiente sinvergüenza
tu realizaste nuestra santa voz
indígena para los otros.
Pero, dónde estaban los hongos de piel vital,
episodios de extasiar como la
palabra viva en oraciones pasadas
alrededor iluminado la choza
con la luz de velas estrellitas
Te perdiste el aliento del pasto dulce de los niños
que hace el camino para el aguardiente caliente
tabaco y comida, regalos humildes para el ritual
donde un viejo armadillo miraba
el cielo Mazateca, esperando al
Sol de Coyote que engaña a la
noche que lo siga.
María Sabina en un huipil de flores
adornada con un tocado de
trenzas de plata, inflamado con las
medicinas y hierbas sagradas de Cristo.
María Sabinas, la cual nosotros
hablamos de tan lejos de
tu pedrejón,
María Sabina, quien escuchó
la lengua jazmín del cielo,
levantó sus palmas a los santos
después aplaudió y silbo
como la verdadera que habla rápido,
la mujer de ojos psi,
la cual
conoce al Sol de Coyote.