Poeta homenajeada: Rocío Silva Santisteban Manrique
¿De qué color son tus muertos?
Algunos son celestes como un paisaje
otros rojos y azules y malvas
con una perforación de bala de 9 mm
a un costado del corazón, por ahí
Dios sacó un pedazo de arteria y dibujó
un mundo que tendía ligeramente
al magenta, luego abrió los huesos de la pelvis
y parió la línea completa de las estrellas
con cientos de hormigas y grillos y luciérnagas.
Otros tienen la piel apergaminada, con pequeños
lunares a la altura de la espalda, un roce
del aceite caliente o del humo rojo
que estalla en variantes de turquesa y lavanda
antes de llorar y balbucear y tener cocidos los párpados
cuando cae en perpendicular
el brillo amarillo del bombardeo.
A veces mis muertas tienen trenzas, uñas
arrancadas con preguntas ajenas, el cuello
ligeramente púrpura y negro
pero la mayoría de las veces, los brazos de mis muertos
y sus piernas y sus torsos y su delicada
belleza alumbran la canela
o los dorados oscuros del café caliente
o maní azucarado o rojo como el ámbar a contraluz.
Mis muertos son blancos y extensos
el relente inmenso del salar
o el hueso quiñado, el copo de algodón
flotando entre el aire del destierro.
Todos mis muertos tienen su nombre y una historia
que aún queda por contar.
Spiegel im Spiegel (Arvo Pärt) El piano empieza con su ligera tristeza el silencio de todos los otros instrumentos atenaza el miedo y entonces el cello avanza resplandeciente húmedo el piano de nuevo trastoca la armonía larga y blanca como la nieve sobre los pantanos una gota y otra la gravedad dejó la tierra todos nos elevamos el paisaje es blanco la muerte no existe.
Chicago
a Margarita Saona y su corazón de terciopelo
Nunca he estado en Chicago
pero conozco la nieve
sobre el techo del hospital
el olor acre en los vagones del metro
la brisa helada desde el lago
y la furia de colores en la línea de autos
cuando cae la ventisca.
Nunca he llegado al aeropuerto O’Hare
ni al puerto ni a la estación del tren
pero las huellas de mis manos
con todas sus curvas y tropiezos
se impregnan en los tubos junto al ascensor
del edificio más alto.
Desde el rascacielos puedo ver el atardecer
los naranjas atravesando edificios, el teatro
y su marquesina y sus oropeles
la pobreza del mendigo junto a su perro.
Desde arriba puedo otear el horizonte
con los ojos cerrados
y sentir que estoy en Chicago
con tanto frío y apretando los dientes
con ganas de orinar y aprendo los dientes
con tanto miedo y apretando los dientes
porque la ciudad es inclemente
con aquellos que nunca llegan.
El hombre más pobre del mundo
El hombre más pobre del mundo
…es una mujer
peruana, africana, india,
quizás una mujer campesina
una mujer que fue violada por el primer marido
embarazada una y otra vez
explotada durante el embarazo
olvidada durante la lactancia y el parto
una mujer que cortó el cordón umbilical con sus propios dientes
que a los treinta se quedó sin marido sin caficho sin pelo
y después los hijos uno por uno la olvidaron
a la vera del camino
una mujer que murió y no fue enterrada
cuyo rastro se perdió sobre la arena
una mujer que ni siquiera es un viento
una mujer de quien no queda ni huella
solo un eco
un eco sordo
un resentimiento negro sobre la tierra.
