Poeta invitada: Silvia Goldman


una criatura lejos de su voz

Lo que yo sujetaba cuando andaba a caballo era mi hambre. La domesticaba. Le daba vueltas. La hacía ver el camino como yo quería verlo y yo quería que el camino fuera el alimento. Lo que cambiaba cuando andaba a caballo eran las relaciones en el fondo de la casa por las relaciones entre el caballo y yo. Esa bestia buena que respondía. Apenas un leve movimiento iniciaba el trote largo que me daba de comer. Durante el galope sentía las mesas que se extendían en mi vientre. La forma en que movían sus puntas hasta deslizar el alimento en mi boca. La forma en que el labio superior se separaba del labio inferior y no se volvían a juntar. La decisión de no retirarse del hambre mientras aún caían las sillas, sus cuatro patas, sus golpes cerrados contra el piso. El lugar donde caían y entonces había que ir a levantarlas y aprovechar la cantidad de abono de cualquier superficie. Y todo antes de masticar, dejando madurar el aire. Los brazos cruzados delante de la mirada como lazos de una tristeza nueva. Entonces corríamos mi caballo y yo adentro de esa tristeza. Una idea fija: tocar el agua lustrosa del camino, llevarla a la boca y esperar a que alguien nos abriera la puerta. Dejar ahí el paisaje, lo que podía entrar. Los labios abandonados a esa función sigilosa del aire. Me daban mi propio beso. Un movimiento cerrado que alteraba la separación de los labios. Un efecto colateral de la mandíbula. Entonces corríamos mi caballo, yo y el yo de mi caballo por el aire maltratado por su herida, una abertura tenue en los labios. Malditas sillas, malditas sillas tirando su repertorio de hambre y polvo sobre el camino, maldito vientre en mis manos sucediendo debajo del movimiento caliente incompleto del caballo, maldita puerta cerrada, maldito pozo chupándose las sillas, la mesa, los platos, el polvo sobre la mesa, las ganas de comer, la rienda floja y vencida, el aire flojo y rendido, donde me abandoné

(de lo que se hereda es la orfandad, Karima editora 2024)


margaritas 

¿has pensando en la tristeza en su cancha de luz

en el agua que deja en la pelota?

¿has traído hasta acá el hecho y se te ha hecho difícil bajar?

¿lo llevaste hacia el lado izquierdo cuando lo que querías

era ponerlo adentro de lo único? 

¿has pensado en matar a tus hijos como lo hizo Hiromi Ito

y has dejado arriba de ese pensamiento un vasito?

¿has pensado en que esa boca puede ser tan íntima 

como cruzar tu cara?

¿has pensado en que no es una boca si está en tu cara?

¿hay una palabra que sustituya para vos el pensamiento del hambre

la decisión de no comer?

¿te has besado las muñecas para estar menos sola que vos 

más cerca de qué?

¿has vuelto a decir lilas pero pensaste en margaritas

y las guardaste arriba del mismo pensamiento pero en otro vasito?

¿reuniste dos pelotas y una se te cayó?

¿se te hizo difícil bajar?

¿se te hizo?

(de lo que se hereda es la orfandad, Karima editora 2024)


Silvia Goldman ha participado en diversas antologías como Llama de amor viva: XXII Encuentro de Poetas Iberoamericanos  (Antología en homenaje a San Juan de la Cruz, 2019), Árbol de Alejandra  y Poeta en Nueva York: Poetas de tierra y luna. Sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, portugués, árabe, bengalí, hebreo, montenegrino y finés. Publicó los libros Cinco movimientos del llanto (Hermes Criollo),  De los peces la sed, (Pandora Lobo Estepario), miedo (Axiara), árbol y otras ansiedades (Isla Negra), Ese eco que une los ojos, (Almud), en colaboración con Esperanza Vives y Juan Alcota, y Voz hasta el principio (Editorial Efímera). obtuvo un accésit en el Premio de Poesía FILLT 2020, asimismo, fue finalista del VI y VII Premio Internacional de poesía “Pilar Fernández Labrador”, y del Premio Internacional de Poesía “Paralelo Cero 2020”. Es doctora en Estudios Hispánicos por la Universidad de Brown y enseña en la Universidad de DePaul.