Poeta homenajeada: Yolanda Pantin


Epifanía

Luz que ya no era

sino resto de luminosidad

en la ciudad que se construía

y que nos era por completo extraña, cuando

entre gentes y voces en otro idioma,

el cansancio hablo en el oído

un zumbido huérfano, al reclamar un lugar

donde guarecerse del frío que nos obligó

a realizar a un tiempo los gestos de

cerrar sobre el pecho las solapas de los abrigos,

y levantar la mirada para alcanzar a ver

la palidez sobre los muros irse, mientras,

junto a la oscuridad que se avenía,

sucedió en la única persona que éramos,

la negación de todo,

salvo del instante.

(De Épica del padre, 2002)


El mandato

Mientras registraba en el escaparate,

escuchaba el mandato. Estaba

dentro de las cajas, en esas cosas

que los viejos guardan,

en papeles, en fotografías. Entonces

no podía entender lo que se me ordenaba

pero no te hubiese traicionado jamás.

Tú me escogiste para hablar por

nuestros muertos,

los que nacieron a destiempo, sin ánimo

para acusar los golpes.

En su desbarajuste,

ellos me recuerdan a los potrillos

que había en la hacienda, aquella exhalación

de pieles y estaturas,

tan hermosos, dentro del potrero, cuando

de un lado al otro, en sus carreras,

ya eran recuerdos.

(De País, 2007)